"¡DISPARAD SOBRE NOSOTROS, EL ENEMIGO ESTÁ DENTRO!"

  Estas fueron las últimas órdenes emitidas por el Coronel Pinilla por la radio en comunicación con el comandante del buque Almirante Cervera, situado en la cercanía de la costa de Gijón (Asturias). Era ya 21 de agosto de 1936 y el Coronel Antonio Pinilla Barceló, junto con el pequeño contingente que quedaba del Regimiento de Infantería de montaña nº 40, el cual comandaba, llevaban varias semanas resistiendo y defendiendo el Cuartel de Simancas pero, el mal estado de los escasos defensores, debido a la falta de víveres, hizo que fuera imposible resistir el ataque final de la horda roja que rodeaba el Cuartel de Simancas. ¡DISPARAD SOBRE NOSOTROS, EL ENEMIGO ESTÁ DENTRO! Ésta fue la última orden dictada por el heróico Coronel Pinilla, dispuesto ya para el máximo sacrificio que un hombre puede realizar en defensa de algo en lo que cree y ama: su Patria. Y ese mismo día murió; la orda roja de socialistas, comunistas y anarquistas ejecutó a toda la oficialidad que quedaba viva en el Cuartel de Simancas.


  Esta breve publicación no va a tratar de la historia bélica contemporánea de España, no. Más bien, me ha venido a la cabeza la heróica actuación del Coronel Pinilla y sus soldados, acontecimiento ocurrido en la Guerra Civil Española, para comparar dicha actuación y capacidad de sacrificio, con hechos rutinarios o acontecimientos habituales que nos pueden ocurrir en la vida actual y nuestra forma de actuar o reaccionar ante ellos.

  En nuestros día a día, en la vida actual, nos pueden surgir situaciones en las cuales tengamos que tomar una decisión drástica, escoger entre rendirnos a lo que hay, y dejar todo como está aunque nos parezca un verdadero desastre o, por el contrario, dar el paso que, aunque no nos guste, y en cierto modo resulte un sacrificio para nosotros; porque con ello perdemos parte de nuestra vida, de nuestras ideas y sentimientos, pero sin embargo sabemos que este paso es muy posible que redunde en beneficio de "ese algo más grande" con el cual nos sentimos plénamente identificados y, sin embargo y por esta posibilidad, estamos decididos a abandonar.

  Son cosas y casos de la vida que acontecen continuamente a nuestro alrededor pero, en una sociedad aborregada y ciega, casi nadie se percata de "lo mal que está todo actualmente". Vivimos en un mundo en el cual, el materialismo y el egocentrismo, ha llegado a corromper todo. Y al decir todo me refiero hasta lo "menos poderoso e importante en esta sociedad", la persona

  Desde los gobiernos y partidos políticos, hasta las pequeñas asociaciones vecinales, grupos y clubes locales, donde sea necesario que haya un líder,. al final va a ser verdad que el poder corrompe. Pero no solo en los altos estratos de la política, no. A nivel de la calle también se evidencia tal corrupción cuando alguien aprovecha su puesto de liderazgo en beneficio propio, ya sea dicho beneficio de tipo económico o símplemente para alimentar el propio egocentrismo. Y eso, claro, tiene consecuencias pues, lo más normal, es que al final todo se vaya a hacer puñetas;. el típico dicho ese que reza aquello de "cuando una situación se hace insostenible e irreparable, la única solución es que todo explote y comenzar de cero".

  Desgraciádamente, siempre hay alguien que tienen que sufrir las consecuencias de la necesaria explosión. Alguien que si tenía depositadas las esperanzas en ese proyecto que, por importantes razones sociales, doctrinales y, también, lúdicas, deseaba que todo saliera adelante mientras veía que la realidad era muy diferente, e incluso incoherente, para con las señas originales e identitarias de tal proyecto. 


  Ver que una cosa funciona en otros lugares, en otros países, y aquí, en España, no hay forma posible de que salga adelante, porque todo está mal planteado desde la propia cabeza local del proyecto, es una auténtica putada dado que, rotúndamente, dicho proyecto resultaría positivo y necesario para ir dando pasos en pro de conseguir defender nuestra sociedad de los males que la acechan. 

  Yo, ya con 60 años, poco puedo hacer pero, de lo que si estoy convencido, es de que siempre me mantendré fiel y firme a mi Doctrina Política, a mis Creencias y forma de ver la vida. Si para ello hé de abandonar algo que me gusta y quiero, así lo haré siempre. La humildad y la honestidad son unos valores más necesarias que nunca en la España que hoy sufrimos. Y desgraciádamente escasean.

Fernando Rodríguez Mayo (Ferro para los amigos) 

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